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When We Correct with Love

by Zoraya Garcia, Pastoral Assistant  |  09/06/2026  |  This Sunday's Reading

Matthew 18:15–20 In today’s Gospel, Jesus teaches us an important lesson about how we should treat one another when conflicts or misunderstandings arise. He tells us not to ignore problems or speak about others behind their backs, but to approach one another directly, privately, and with love. Christian correction is not about judging or humiliating someone. It is about helping one another return to the right path and protecting the unity of the community.

Jesus reminds us that every person has dignity, and even when someone has made a mistake, our goal should always be reconciliation and healing. Jesus also reminds us of the power of community: “Where two or three are gathered in my name, there am I in the midst of them.” Our faith is not meant to be lived alone. We need one another—our prayers, our encouragement, our forgiveness, and sometimes even our loving correction. This Gospel invites us to ask ourselves: Do I seek reconciliation when there is a conflict? Do I speak about others with charity? Am I willing to forgive and to listen? When we place Christ at the center of our relationships, disagreements can become opportunities for growth, forgiveness, and deeper faith. Let us pray that our parish community may always be a place where people feel welcomed, respected, forgiven, and loved.(ZG)


Cuando Corregimos con Amor

Mateo 18, 15-20 En el Evangelio de hoy, Jesús nos enseña una lección importante sobre cómo debemos tratarnos unos a otros cuando surgen conflictos o malentendidos. Nos dice que no ignoremos los problemas ni hablemos de los demás a sus espaldas, sino que nos acerquemos unos a otros de manera directa, en privado y con amor. La corrección cristiana no consiste en juzgar ni humillar a nadie. Se trata de ayudarnos mutuamente a volver al camino correcto y de proteger la unidad de la comunidad.

Jesús nos recuerda que toda persona posee dignidad y que, incluso cuando alguien ha cometido un error, nuestro objetivo siempre debe ser la reconciliación y la sanación.Jesús también nos recuerda el poder de la comunidad: «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». Nuestra fe no está hecha para vivirse en soledad. Nos necesitamos unos a otros: nuestras oraciones, nuestro ánimo, nuestro perdón y, a veces, incluso nuestra corrección amorosa. Este Evangelio nos invita a preguntarnos: ¿Busco la reconciliación cuando hay un conflicto? ¿Hablo de los demás con caridad? ¿Estoy dispuesto a perdonar y a escuchar? Cuando ponemos a Cristo en el centro de nuestras relaciones, los desacuerdos pueden convertirse en oportunidades para el crecimiento, el perdón y una fe más profunda. Oremos para que nuestra comunidad parroquial sea siempre un lugar donde las personas se sientan acogidas, respetadas, perdonadas y amadas. (ZG)

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